El nuevo crowdsourcing: hardware libre e impresión 3D

arduino

Quizá el mayor avance, el mayor éxito de Internet y todo el mundo 2.0 no sea de naturaleza tecnológica sino social y casi ética.La revolución de Internet y de los medios sociales ha supuesto un desplazamiento del poder, de las ideas y de la creatividad desde un centro constituido por administraciones y corporaciones, por entidades abstractas al fin y al cabo, hacia las personas.

Gracias a la hiperconectividad que Internet trae consigo, y apoyándose en todo el potencial de homogeneización y abaratamiento que el mundo digital implica, muchas tareas antaño reservadas a organizaciones y, por tanto, centralizadas y protegidas de algún modo, se han puesto al alcance de los ciudadanos a un coste muy bajo, cuando no nulo.

Y eso abre unas posibilidades enormes de desarrollo personal y de colaboración, innovación y progreso social.

¿Hubiera sido siquiera imaginable, hace tan sólo unas décadas, la construcción de una enciclopedia como Wikipedia por colaboración desinteresada de los ciudadanos? ¿Nos habríamos creído en los albores de la informática que una solución tecnológica tan compleja como es un sistema operativo pudiera ser construida, como ha sucedido con Linux, por una comunidad desinteresada de técnicos que colaboran entre sí? ¿Habríamos creído que los ciudadanos competirían con éxito con los medios tradicionales (prensa, radio o televisión) en la tarea de comunicar noticias de rabiosa actualidad? ¿Habríamos imaginado a nuestro alcance producir software, vídeo, fotografías o libros de alta calidad y publicarlos a una audiencia potencial de millones y millones de seres humanos sin la intermediación de una compañía editorial o de medios? ¿Habríamos soñado que las corporaciones más avanzadas recurrirían abiertamente para sus tareas de investigación y desarrollo a la comunidad de científicos y ciudadanos mediante esquemas de innovación abierta?

Un modelo construido en Campus Party de Valencia por personal de Telefónica I+D. Fuente: Web de Telefónica I+D

Todo eso ha sucedido en los últimos años gracias a la revolución digital y de Internet, convirtiendo el crowdsourcing, es decir, el trabajo colaborativo y distribuido de personas que persiguen un fin común, en una innegable, potente, impresionante y esperanzadora realidad.

Sin embargo, hasta ahora, los mayores avances en este campo han tenido lugar en el mundo de la información y de las ideas, de todo aquello que es fácilmente digitalizable y que encuentra un natural acomodo y catalizador en los ordenadores y terminales digitales y en las redes de comunicaciones de datos.

Se empezó por digitalizar y compartir el texto y no costó mucho extender el mismo paradigma a la voz, a la imagen y al vídeo. Internet y la Web 2.0 son un hervidero de ideas, textos y conversaciones que utilizan texto, imagen, voz y vídeo como forma de compartir todo tipo de ideas y realizaciones: libros, conferencias, artículos, fotografías, cortos, películas o conversaciones informales.

Todo ello ha tenido un impacto cultural, social, económico y transformador innegable y ha llevado a hablar de una economía propia, la economía de los bits.

Pero existen, o parecían existir, fronteras a ese movimiento democratizador de la producción, unas fronteras que confinaban el crowdsourcing al mundo de la información, las ideas y lo, hasta cierto punto, intangible: la cultura, la creatividad, la conversación.

Sin embargo, los bienes físicos, materiales, sólidos, parecían dominados aún por la denominada economía de los átomos, como contraposición a la economía de los bits.

En este mundo físico el poder aún permanecía, en buena medida, centralizado en corporaciones más o menos cerradas.

Pero esto está cambiando también…

Ya el modelo open-source, la colaboración 2.0 y el crowdsourcing  alcanzan al mundo del hardware.

Placa de Arduino. Fuente: Wikipedia

Y, en efecto, desde hace pocos años ha surgido el concepto de open-source hardware o hardware libre, un modelo que surge a imagen y semejanza del open source software, pero que ahora lo que intercambia y comparte son diseños, esquemas, especificaciones y software para lógica programable. Es cierto que, en algún sentido, seguimos compartiendo realmente las ideas: el diseño, la lógica, pero también es cierto que el creciente desarrollo de equipos de lógica programable permiten disponer de máquinas, de hardware al fin y al cabo, con un comportamiento que puede ser personalizado por un software compartido. Compartir especificaciones de lógica, típicamente expresada en lenguaje HDL, es casi una forma de compartir hardware.

Un poco en esa línea trabaja Arduino, probablemente la plataforma de hardware libre más conocida. Arduino es realmente una plataforma constituida por una placa única con un microcontrolador de 8 bits (Atmel AVR), un bus serie, puertos de E/S y la capacidad de ser programado a través de un puerto serie RS 232 o USB utilizando primariamente el lenguaje de alto nivel ‘Processing’, pero teniendo también cabida la programación en lenguajes tan populares como Java, Perl, C, C++ o Visual Basic mediante un IDE (Integrated Development Environment) descargable de forma gratuita.

A partir de ahí las posibilidades son inmensas y casi ilimitadas por la imaginación. Algunas de las prestaciones y logros los explica Massimo Banzi, uno de sus fundadores junto con el español David Cuartielles, en la siguiente charla realizada en el reciente evento TEDGlobal 2012, mantenido en Edimburgo hace tan sólo unos días.

Se podría argumentar que en un esquema de hardware libre como el comentado, realmente se siguen intercambiando diseños, ideas, bits al fin y al cabo. Eso es parcialmente cierto, pero las potencialidades hardware que se abren, las posibilidades de innovación y de construcción de nuevos ingenios, al menos a nivel de prototipos, son inmensas y muy cercanas a lo puramente físico.

Pero si en el entorno de Arduino nos movemos aún en la frontera entre bits y átomos, si ahora tornamos la mirada, una nueva tendencia, la impresión 3D, nos sumergimos completamente en lo físico, en los átomos.

Fuente: Don Debold (donjd2) en Flickr

La impresión 3D es un conjunto de técnicas mediante las cuales, las denominadas impresoras 3D, construyen piezas o maquetas volumétricas  a partir de diseños de tipo CAD/CAM. Existen, como podemos leer en Wikipedia, modelos de compactación, en que una masa de polvo se va compactando por estratos o de inyección de polímeros en que el material se añade por capas.

En el colmo de lo híbrido, de la mezcla de iniciativas y tecnologías, en un alarde de ideación e innovación, existen impresoras 3D construidas utilizando la plataforma Arduino.

¿Nos imaginamos lo poderoso que puede ser el esquema cuando este tipo de impresoras reduzcan su coste y puedan ser accesibles por universidades, por pymes, por estudiantes, por ciudadanos? ¿Percibimos la potencia creativa que se puede desencadenar en un mundo en el que las personas pueden intercambiar no sólo sus pensamientos e ideas, sino también sus diseños para luego ser capaces de construirlos e inventar máquinas y mecanismos?

Impresora 3D construida con Arduino. Fuente: Reprap Darwin en Flickr

¿Dónde están las fronteras? ¿Dónde acaba el bit y empieza el átomo? ¿Qué no podrá conseguir la inteligencia e imaginación de millones y millones de personas con capacidad real de diseñar y construir, y de intercambiar abiertamente todas las ideas y diseños?

Probablemente el hardware open-source y la impresión 3D se encuentran en una muy temprana infancia pero ambos, junto con la experiencia que ya hemos vivido del software libre y la colaboración 2.0, nos hacen pensar que asistimos al nacimiento de un verdadero cambio de paradigma en las posibilidades productivas y de innovación.

El crowdsourcing, que hasta no hace tanto se centraba en los bits, comienza a alcanzar a la economía de los átomos.

OTROS POSTS

Enlazados en