Twitter y su fascinación

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A estas alturas ya nadie se cuestiona qué es Twitter ni para qué sirve. Desde su creación en 2006 esta red de microblogging ha conseguido alcanzar los 500 millones de usuarios registrados. ¿Qué la hace especial? En el Congreso de Periodismo Digital celebrado la pasada semana dieron algunas de las claves para hacer un buen uso, que son aplicables no sólo a los periodistas sino a todos los usuarios de esta red.

Informar de todo

En sus comienzos, el ingenio era la clave del éxito en Twitter. En estos momentos, según Pedro de Alzaga, subdirector de Cuarto Poder, “Twitter es un enorme teletipo conectado a la sociedad, es un titular o en ocasiones un subtítulo. Nos llama la atención a los periodistas y también a los ciudadanos”.

A juicio de Guillermo Culell, director general de Medios Regionales del grupo El Mercurio de Chile, Twitter nos permite enterarnos de cosas que no están en otra parte. Sirve para construir después información de interés para el público. “El discurso oficial de los políticos es aburridísimo, por eso es mucho más digno de interés lo que dice su entorno”.

Para Virginia Pérez, vicedirectora del grupo 20 Minutos, es muy interesante su vertiente de espontaneidad, que no se refleja habitualmente en una crónica. En Twitter se cuenta y se fotografía lo que se ve, el ambiente, lo que hay.

Pero, como dice el periodista Iñaki Gabilondo, todos sabemos que en tiempo de inundación, lo primero que escasea es el agua potable. Estamos ante una gran ola de contenidos y es necesario dirimir qué es información y qué no.

Hacer marketing

Otra aplicación de Twitter es el marketing. Según Culell, la mejor forma de promocionar un medio es con información periodística bien escrita, completa y veraz. “No es labor del periodista hacer spam de eslóganes corporativos invasivos, y tampoco podemos prometer lo que no somos”.

Aquí entra en juego también la marca personal, que en muchas ocasiones se antepone a la empresa. Para Alzaga, en el caso del periodista la respuesta es clara: hay que hablar de firma, no de marca; “yo me responsabilizo de lo que firmo”, dijo.

Inmediatez frente a veracidad

Es muy conocida la anécdota de la falsa muerte del periodista Manu Leguineche, en abril de 2011. La publicó en un urgente el Norte de Castilla e inmediatamente saltó a Twitter, donde en pocas horas se creó un hashtag, se difundió en otros medios periodísticos, se cruzaron pésames, se alabó al finado, se le resucitó y finalmente se le dio la bienvenida a la vida.

Nuevamente surgió el debate sobre la veracidad de lo que se publica, sobre la labor del periodista de contrastar la información antes de difundirla. Una vez más había vencido la inmediatez, el ser el primero en publicar, antes que el buen periodismo. Fue el ya fallecido Enrique Meneses el único que llamó a la familia de Leguineche para contrastar la información. A partir de ahí, ya todo es historia.

Relación empleado-empresa en la red

La relación entre la empresa y el empleado en Twitter debe ser libre, según Virginia Pérez. “Tenemos una cuenta corporativa de 20 Minutos, donde publicamos nuestras informaciones, pero esa cuenta no responde a la gente, salvo algún enlace o dato puntual que soliciten. Cuando surge alguna polémica con algún tweet, se le envía  al autor de la noticia que ha dado lugar a la controversia, con el fin de que responda al lector. “Nosotros aconsejamos al periodista que responda, pero no podemos obligarle, porque se trata de una cuenta personal. No tenemos normas ni código de conducta al respecto”.

Otras cuestiones surgidas al hilo de esta relación son: ¿qué sucede con los seguidores de un usuario si éste abandona la empresa para la que trabaja, son de él o de la empresa? ¿Qué se debe decir sobre nuestra empresa y qué no? Según Culell, la respuesta a ésta y otras cuestiones está en la relación que se establece entre la empresa y el equipo.

Sensacionalismo frente a sentido común

El sensacionalismo es otra de las características de Twitter y de las redes sociales en general. Alzaga puso el ejemplo del suicidio, en un centro comercial de Caracas, Venezuela, de un joven de 26 años con edad mental de 12, que estaba muy afectado por la muerte de su madre.

Todo el mundo se apresuró a tomar fotos del cadáver y publicarlas en las redes sociales. Fue una difusión tan brutal que la familia difundió un comunicado, que finalizaba así: “cuando vayan a hacer algo semejante, o cualquier cosa, pregúntense antes si es útil, si edifica y si están haciendo un bien. Deberían también practicar el respeto, la prudencia y el ponerse en el lugar del otro, porque nos hicieron daño en el momento de mayor sufrimiento de nuestra vida”.

“El problema de las redes sociales es su efecto de amplificación. Antes, cuando se publicaba algo, había un control. Ahora el único control es el sentido común de cada uno”, dijo Alzaga.

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Comentarios (2)

  1. Ahora cualquier mandril con teclado puede hacer cualquier disparate. Si bien gracias a eso, podemos comprobar en los perfiles de Twitter de nuestros dirigentes, que efectivamente cualquier persona puede llegar a ser ministro, o a dirigir cualquier empresa. Es un rayo de esperanza para las jóvenes generaciones. No todo está perdido.

    Lo que se analiza en el artículo me parece todo muy sensato, que es justo lo que nunca hace la masa cuando conduce un vehículo o cuando escribe tras un pseudónimo.

    Nos esperan tiempos cada vez más interesantes.

  2. Good job! Interesante… muchas veces damos por sentado las cosas… y debemos tener en todo momento consciencia de lo que tenemos entre manos… y más en las RRSS

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