¿Una burbuja de aplicaciones sanitarias?

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Una “operación bikini 2.0” o unos “pañales inteligentes” capaces de detectar infecciones urinarias, disfunciones renales e incluso deshidratación, y enviar la información a través de una aplicación al médico son algunas de las dos últimas noticias que he leído respecto a apps relacionadas con la salud.

Cada día proliferan nuevas aplicaciones en este terreno, las hay para todas las necesidades: monitorizan el ritmo cardiaco, miden la glucosa en la sangre, permiten realizar ejercicios de rehabilitación, ayudan con problemas dermatológicos, recuerdan las citas médicas, proporcionan consejos o acceso a bibliografía… Y las usan pacientes y médicos.

Se trata de un fenómeno relativamente reciente pero es un mercado en auge. Las cifras son apabullantes: en la actualidad existen unas 20.000 apps médicas, y más de 500 millones de personas las usarán en 2015, según informes recientes, como el de tendencias sanitarias Global Mobile Health Market Report.

Hay quien dice que las apps para móviles están revolucionando la medicina y  “son ya tan imprescindibles para los médicos como el fonendoscopio en el pasado”. Al parecer, más de la mitad de ellos las utiliza incluso a pie de cama para acceso a datos de todo tipo, evaluación de escalas de gravedad o cálculo de dosis e interacciones de fármacos.

El doctor José Luis de la Serna apuntaba en un encuentro sobre apps y salud, The App Date Health, que “en un futuro próximo los médicos recetarán apps” (Happtique es un ejemplo de que ya se están certificando apps médicas y trabajando para su prescripción como si de medicamentos se tratara) . De la Serna señalaba también que las apps hacen posible una medicina “más colaborativa”.

Pero también hay un debate abierto sobre si todas valen. Sin ir más lejos, la cuestión surgía hace unas semanas en el encuentro TEDxGran Vía sobre eHealth al que asistí. Ángel Fernández Álvarez es creador de mobiCeliac, una app para ayudar a los celíacos a mejorar su calidad de vida: muestra qué alimentos y medicamentos llevan gluten interactuando con el propio código de barras de los productos, e incluye un listado de tiendas, restaurantes u hoteles donde las personas que tienen este problema pueden acudir, entre otras funcionalidades.

Para Ángel Fernández, el secreto del éxito de una app de salud es que sea útil y utilizada y eso implica calidad, el desarrollo conjunto con pacientes, expertos y organizaciones involucradas , que se centre en un problema específico y que su experiencia de uso sea satisfactoria.

MobiCeliac aparece incluída en la primera guía de apps médicas de la Unión Europea recomendadas por los propios pacientes: European directoy of health apps 2012-2013.

Pero no todas las apps cuentan con un aval similar y el hecho de que se pueden instalar en el móvil para diagnosticar, tratar y controlar enfermedades genera recelos. Los beneficios que pueden suponer son de sobra conocidos pero también se alzan voces que alertan sobre el riesgo de toma de decisiones equivocadas por datos no fiables desde el punto de vista científico o no actualizados.

Surgen dudas sobre la ética y la legalidad : quién puede hacer qué cosas y cuáles no, de quién es la responsabilidad en caso de error…

Por un lado están quienes piensan que debe ser el propio mercado el que haga la criba y, por otro, los que defienden que sería necesario algún tipo de regulación.

Ya hay algunas iniciativas en marcha. En Estados Unidos la FDA (Federal Drugs Administration), el organismo que regula qué medicinas pueden venderse, cuáles han pasado los controles clínicos para consumo humano, etc. ha creado un certificado para aquellas apps móviles relacionadas con la salud que podrían presentar algún riesgo para los pacientes en caso de no funcionar correctamente.

En España, la Junta de Andalucía es pionera con un sello de calidad para que tanto ciudadanos como facultativos sepan qué aplicaciones son seguras. La Agencia de Calidad sanitaria ha elaborado una serie de recomendaciones dirigidas a desarrolladores, profesionales sanitarios y ciudadanía para contribuir al correcto desarrollo y buen uso de las aplicaciones móviles de salud.

El debate está servido. Mientras tanto, mucho sentido común.

Imagen: juhansonin

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